Lavar la deshonra

Lavar la deshonra

Performance, 2013
Videoarte 2´07″. Fotografía 20×30 

¡Mamá! Un estertor, lágrimas, negrura. La sangre fluye, el cuerpo apuñalado tiembla, el pelo ondulado se ensucia de barro. ¡Mamá! Sólo se oye al verdugo. mañana vendrá la aurora, las rosas se despertarán. A la llamada de los veinte años y la esperanza fascinada. Las flores de los prados responden: se ha marchado… a lavar la deshonra. El brutal verdugo regresa y dice a la gente: ¿la deshonra? –limpia su puñal- hemos despedazado la deshonra. De nuevo somos virtuosos, de buena fama, dignos. ¡Tabernero! ¿dónde están el vino y los vasos? Llama a esa indolente belleza de aliento perfumado por cuyos ojos daría Corán y destino. Llena tu vaso, carnicero, la muerte ha lavado la deshonra.
Al alba, las chicas preguntarán por ella: ¿dónde está? La bestia responderá: la hemos matado. Llevaba en la frente el estigma de la deshonra y lo hemos lavado. Los vecinos contarán su funesta historia y hasta las palmeras la difundirán por el barrio. Y las puertas de madera, que no la olvidarán. Las piedras susurrarán: «Lavar la deshonra» «Lavar la deshonra»
Vecinas del barrio, chicas del pueblo, Amasaremos el pan con nuestras lágrimas. Nos cortaremos las trenzas. Nos decoloraremos las manos. Para que sus ropas permanezcan blancas y puras. No sonreiremos ni nos alegraremos ni nos giraremos. Porque el puñal, en la mano de nuestro padre. O de nuestro hermano, nos vigila. Y mañana. ¿Quién sabe en qué desierto nos enterrará para lavar la deshonra?
Lavar la deshonra, del poemario El hueco de la ola (1957). Nazik Al Malaika.